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La pluma descansa, su legado jamás

No hay palabras que alcancen para despedir a un maestro de vida, mucho menos para uno que sentó precedente. Para los que forman la comunidad periodística mexiquense, sabrán que el nombre de Antonio Huicochea es referente del buen periodismo, de valores, de congruencia. Así, su partida se ha convertido en un vacío que tendrá réplicas en las letras que en este diario se transforman en noticias. Su pluma hoy descansa, su alma también, pero su espíritu se mantendrá vivo en el proyecto de nació de su compromiso social con informar veraz y oportunamente.

El periodismo mexiquense está de luto. Antonio García Huicochea se nos ha adelantado. Toño deja un profundo vacío en nuestros corazones y en el quehacer cotidiano periodístico del Estado de México. Como profesional, hizo escuela, dejó huella. Exigía lo máximo de los reporteros que compartimos trabajo con él, pero también enseñaba a los suyos, los guiaba, la censura no cabía en su vocabulario. Se caracterizaba por ser crítico, analítico y sagaz. Tenía un sentido del humor especial, fue amigo de sus amigos, dispuesto a ayudar, a escuchar, solidario, entregado y generoso. Villano, te nos adelantaste, siempre tuviste la última palabra.

En esta profesión se aprende todos los días, pero estando a tu lado, Toño, uno aprendía un poco más.

Tuve la fortuna de trabajar contigo más de una década y no había día en que no me hicieras reflexionar un poco sobre el devenir diario de esta entidad.

Tus palabras me hacían dudar y pensar y pensar. Ese fue tu legado. Y no solo para mí, sino para decenas de reporteros que pasamos por tu oficina en este vespertino, y para los miles de lectores que cada tercer día leían tu columna el 1, 2 y 3.

Quien no aprendió a pensar contigo, ya no sigue en el periodismo. Pero hay buenas noticias: somos varios los que seguimos aquí.

Agradezco las largas pláticas que sostuvimos en tu oficina sellada con olor a tabaco. Trabajando contigo dejé el tabaco pero adopté el café de todas las tardes.

También agradezco las discusiones y las enseñanzas sobre la forma en que se hacía política en esta entidad y cómo se podía hacer periodismo de manera digna sin entregar nada a cambio.

Será difícil ya no pasar a saludarte y debatir como lo solíamos hacer tras un clásico capitalino o un derby español. Sí tenías defectos, el americanismo era uno de ellos y el otro, la poca gracia que tenías para poner apodos. Te abrazo hasta donde estés.

Atentamente: “Teresa”

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