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SE DICE QUE..

  • En la clase política andan con las hormonas peor que adolescentes. Quizá de allí las intrigas palaciegas, patadas bajo la mesa y puñaladas traperas. Algunos, como acodilles en canasta, tratan de jalar las patas del que está arriba para tratar subir ellos en su lugar. Es la temporada de hablar mal del otro, de la hipocresía, de las lenguas viperinas que maliciosamente acarrean chismes y desinformación a los oídos del gobernador para desprestigiar al adversario. El denuesto como onanismo. Pretender calentar la cabeza del jefe de las instituciones, que apenas si termina de sentarse, para sacar ventaja política, no sólo es deleznable, traiciona el elemental principio de confianza.
  • Mientras algunos, como estrategia, prenden ventiladores sobre montañas de excremento para ensuciar a los demás y así no se note mucho el estercolero propio, hay otros que entienden bien que éste es el momento de los acuerdos, de las alianzas, de los pactos, porque ganará aquel que logre los más amplios y variados consensos. En ese contexto quizá pueda explicarse el encuentro de hace unos días en un Tok´s de la Cuidad de México entre Isidro Pastor y uno de los personajes más relevantes del gabinete. ¿De qué habrán hablado? Siempre será mejor en la conciliación del hoy que en rencor del pasado.
  • El encargado del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense llora por los rincones, como la Muñeca Fea, el desprecio con que lo trata la elite del poder a la que tontamente algún día creyó pertenecer. su ego -tan femenino, por cierto- lo está matando. No soporta le vean como apestado. No lo reciben, no le toman las llamadas… lo ignoran. Bien se aplica aquella de “cosecha lo que siembras”. Bajaron de su ladrillo a Carlos Aguilar y, simplemente, volvió a su tamaño real.

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