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Una ballena apresa a un submarinista en Sudáfrica

“Nada te prepara para acabar dentro de una ballena. No había tiempo para el miedo”, asegura Rainer Schimpf, que pasó unos segundos angustiosos a merced del animal

Rainer Schimpf, director de Expert Tours, una agencia de viajes de buceo alemana con base en Port Elizabeth (Sudáfrica) y experta en expediciones en los mares del sur del planeta, se llevó la sorpresa de su vida la semana pasada cuando realizaba una inmersión a 25 millas de la costa. Una ballena junto a la que nadaba atrapó con sus fauces a Schimpf. “Todo pasó muy rápido. Se hizo la oscuridad y sentí la presión en el muslo. En ese momento sabía que una ballena me había agarrado”, explica el buceador en un vídeo que lleva alrededor de tres millones de visualizaciones.

El submarinista, reconoce, tiró de instinto. “Nada te prepara para acabar dentro de una ballena. No había tiempo para el miedo”, asegura. “Mantuve el aliento porque creía que me iba a sacar a la superficie en algún momento”, recuerda que pensó. Tras unos segundos angustiosos en los que Schimpf no volvía a aparecer, la ballena soltó al hombre. “Sentí cómo la presión desaparecía y pude subir”, comenta.

Rainer Schimpf, director de Expert Tours, una agencia de viajes de buceo alemana con base en Port Elizabeth (Sudáfrica) y experta en expediciones en los mares del sur del planeta, se llevó la sorpresa de su vida la semana pasada cuando realizaba una inmersión a 25 millas de la costa. Una ballena junto a la que nadaba atrapó con sus fauces a Schimpf. “Todo pasó muy rápido. Se hizo la oscuridad y sentí la presión en el muslo. En ese momento sabía que una ballena me había agarrado”, explica el buceador en un vídeo que lleva alrededor de tres millones de visualizaciones.

El submarinista, reconoce, tiró de instinto. “Nada te prepara para acabar dentro de una ballena. No había tiempo para el miedo”, asegura. “Mantuve el aliento porque creía que me iba a sacar a la superficie en algún momento”, recuerda que pensó. Tras unos segundos angustiosos en los que Schimpf no volvía a aparecer, la ballena soltó al hombre. “Sentí cómo la presión desaparecía y pude subir”, comenta.

elpais.com 

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